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TALENTO JOVEN




TALENTO JOVEN


Este es el lugar donde se reúnen las inquietas palabras que cada joven lleva por dentro. Conoce historias, cuentos, poemas, y todo tipo de composiciones literarias escritas por jóvenes aquí. Comunícate con nosotros a inquietaspalabras@gmail.com si quieres compartir tu historia. Nos reservamos el derecho a editar en caso de errores ortográficos y de redacción sin alterar la esencia del escrito.

Natalia P. Peña
Soy esencia que carece de filtros, esencia sumergida en recuerdos, lágrimas y suspiros. Soy el sonido más débil, soy el vaho de la madrugada y la melancolía del atardecer.

Sapiosexual, lectora de lo más profundo del ser humano, soy alma, carne y hueso, soy un montón de ideas envueltas en un solo pensamiento.
EL PODER DE LA NOCHE
La misma noche se cansó de ser fiel testigo
de mis insomnios por inútilmente revivir nuestros besos.
La luna se durmió, ya no brilla, ya no me habla
está celosa porque piensa que te quiero mucho más.
Solo queda el viento que a veces me habla de ti
me persigue para inventarme algún dato de ti.
Pero cómo hago dime, para apagar ese fuego
que no cesa, alimentando mi alma para no cansarse
de escribirte. Y es que no solo te escribo, también
te pienso, te sueño y te leo.
SIN MÁS QUE DECIR
Mas que palabras, versos
Mas que versos, tu boca
Que me obliga a escribirte
Que me obliga a perpetuarte.
DIME
Pero dime que por mi te juegas todo
Para decirte cuál es el juego.
Dime que por mi estas dispuesto a leerme
a escucharme porque yo te ofrezco
alma, vida y cuerpo.
Pero dime que te animas a quererme
Porque el amor no se vive de un solo lado.
UNO
Para todo aquel que vive de esperanzas y amor
le es difícil olvidar, porque en cada beso, cada abrazo
y cada palabra que se dice y se da, entrega una parte de si mismo
una idea, una ilusión inequívoca de toda afirmación.
Pero que mas da, para todos aquellos
Que vivimos del amor y las esperanzas lo único
Que nos conforta es que el amor y la esperanza
también se alimentan de nosotros.
Javier Enrique Gámez Rodríguez nació el 1ro de enero de 1992, en Fundación Magdalena. Es estudiante de Negocios Internacionales de la Universidad del Magdalena. Ha ganado el segundo lugar en “Cuenta tu historia de amor” en el año 2012 en la Universidad del Magdalena, ganador del segundo lugar en el “1er festival regional de literatura y narración oral ASCUN 2014” en Barranquilla.
Es como si mi mano tuviese vida propia
Cada intento con una chica que le gustaba, era un intento fallido. Después de su última relación, la suerte con las mujeres fue en descenso. Tanto así, que había pensado varias veces en suicidarse.
Manuel era un muchacho de buenos sentimientos, pero como todo en la vida no puede ser perfecto, era feo. Bueno, digamos que no tan feo, o al menos así se consideraba él mismo. “dos años sin tener sexo” pensaba “otro más y vuelvo a ser virgen”. Trabajaba ocho horas en una oficina, manteniendo la página web de la empresa. Además, vivía solo en un pequeño apartamento y le quedaba todo el sueldo. Sus padres habían muerto y sus familiares más cercanos vivían en otro país. No tan cercanos ya.
El desespero de Manuel lo había llevado a buscar por internet, todo tipo de servicio sexual. A estas alturas de la vida, le daba igual hacerlo con una vieja, una señora de su edad o hasta una adolescente. Tenía en su teléfono a todas las mujeres que ofrecían sus especialidades por internet. Había algo que lo detenía de ir con una de ellas y era que no iba a saber cómo actuar en ese caso y  también le temía a que ellas llevaran algún tipo de enfermedad.
Cada vez que revisaba a las mujeres en su celular, comenzaba a mirar foto por foto, a imaginarse como sería cada una en la cama. Su mano derecha bajó reptando hasta el cierre del pantalón, lo abrió, sacó el pene y comenzó a menearlo. Esta acción la repetía Manuel antes de ir al trabajo, en el trabajo, al llegar al apartamento, después de comer; era un vicio o un hábito. No se decidía en cuál de las dos era.
Llegó a contarle su problema a su mejor amigo, que por cuestiones de trabajo se veían los sábados y tomaban unas cervezas.
¾    La verdad, Juan, ya no sé qué hacer. Me siento desesperado. Necesito sexo, pero no soy capaz de ir con una puta y no he conseguido novia, ni alguna chica “fácil” en ninguna parte. ¾ Manuel bajó la cabeza y le dio un trago largo a la cerveza.
¾    ¿Por qué no te emborrachas y llamas a una puta? Si no tienes el coraje de ir sobrio, puedes intentarlo borracho, ¿No crees? ¾ Manuel guardó silencio.
Le parecía que Juan tenía razón. Daba buenos consejos. Pero aun así, no se creía capaz de hacerlo ni borracho. Se sentía más seguro con su mano.
¾    Muchas gracias Juan. Espero hacerlo.
¾    Lo harás ¾ Alzó su vaso en señal de brindis y le dio un trago ¾ Después de que lo hagas, me avisas y te presentaré con algunas amigas.
¾    No, sabes que nunca sé que decir.
¾    Lo sabrás, lo sabrás…
¾    ¡Qué así sea!
Después de un par de cervezas más, los viejos amigos tomaron caminos diferentes y cada uno se dirigió a su casa. La mano de Manuel se movía, inquieta. Venía una mujer muy linda y Manuel la había notado. La quedaba mirando y ella se dio cuenta. En el momento en que se cruzaron sus miradas, la mano derecha de Manuel llegó hasta su pene, lo apretó y lo sacudió en un gesto grosero. La mujer, al ver esto salió corriendo. Pensaba que él era algún tipo de violador, o loco… O loco violador.
Manuel, quien no movió su mano a voluntad, también salió corriendo. Aún llevaba la mano en el pene. Por alguna razón no se podía liberar. La extremidad de Manuel comenzó el ritual. Bajó la cremallera, luego el bóxer y liberó su miembro. El semáforo estaba en rojo.
¾    Mamá, ¿Por qué ese señor está haciendo eso? ¿Va a orinar? ¾ Le decía un niño a su madre, que miraba horrorizada lo que sucedía a su lado.
¾    ¡No lo mires hijo! ¾ La mujer, angustiada, le tapó los ojos al pequeño y comenzó a gritar ¾ ¡pervertido! ¡ayuda, por favor!
¾    No es lo que cree, no tengo control de mi mano. ¾ Decía Manuel, sudando, desesperado.
¾    ¡Asqueroso! ¡cerdo! ¾ Clamaba la señora ¾ ¡Policía, policía!
Llegó la policía y lo derribaron. Aún seguía con la mano en el pene.
¾    Maldito exhibicionista, le voy a pedir el favor y se guarde eso para poder esposarlo.
¾    ¡No puedo! ¿No entienden que no puedo? ¾ Decía ya entre lágrimas.
¾    Vamos a esposarlo así. Mi café se enfría. ¾ El policía más corpulento le acercó las manos y lo esposó. Él seguía masturbándose.  Lo montaron en el carro.
Iban camino de la estación de policía.
¾    Los tipos como tú, la pasan mal en prisión.
¾    ¡Pero no es mi intención! ¾ Lloraba.
Las lágrimas llenaban sus cachetes. El semen se esparció en la cabina. Unas gotas fueron a parar al café del conductor. No se dio cuenta. Manuel se masturbó un par de veces más antes de llegar. Luego, ya podía mover la mano a voluntad. Se guardó el pene.
Antes, ya habían bromeado con que su mano iba a cobrar vida con tantas pajas que se echaba. Lo metieron en una celda, solo.
A la mañana siguiente llegó el policía con otro café.
¾    Tienes suerte, pagaron tu fianza. ¡Ahora sal de mi vista!
¾    Gra…Gracias oficial.
¾    ¡Largo!
Juan lo esperaba afuera.
¾    ¿Qué mierda te pasa? ¿Cómo se te ocurre hacerte un pajazo en la mitad de la calle? Definitivamente estás perdiendo la cabeza Manuel. No pensé que llegaras a estos extremos, ¿No podías esperar hasta llegar a tu apartamento? ¿O es que eso ya no te satisface?
¾    Créeme Juan, no sé qué pasó. Perdí el control de mi mano, no podía parar. No entiendo, es como si… ¾ Se llevó la mano derecha a la distancia de los ojos. La miraba de una manera extraña. La abría y la cerraba. Le daba la sensación de que podía hablar. La mano apuntó hacia su cremallera e inmediatamente sacudió la cabeza, como si no creyera nada aún.
¾    ¿Es como si qué, Manuel?
¾    Es como si mi mano tuviese vida propia… ¾ Manuel pronunció estas palabras de manera muy solemne.
¾    Me estás jodiendo. El otro mes irás con un psicólogo. Y si esto vuelve a suceder, créeme Manuel que te quedas ahí encerrado.
¾    Está bien.
Se montaron en el carro de Juan y lo llevó al apartamento.
¾    No te preocupes en ir al trabajo. La señora a la que le mostraste el pene, era una de los socios de la empresa.
Manuel aún no creía nada. Todo había pasado en un solo día. Había perdido su trabajo y además, estaba marcado como posible agresor sexual y exhibicionista. Su vida no podía empeorar en ese punto. Su mano izquierda, comenzaba a moverse hacia su cremallera. Manuel lo venía venir: había perdido la facultad de controlar sus manos. Ahora, estaba en la mitad del apartamento, con los pantalones abajo y con las dos manos en su pene. Total, se había acostumbrado a esa rutina día y noche, que era obvio que en algún momento iban a tomar vida propia. Lástima que solo sean un par de manos y no dos mujeres.
Al terminar, se fue a la cocina y se preparó un café. Lo tomó con un pedazo de pastel que guardaba de hace dos días. Se puso el pijama y se fue a dormir.

Sintió un beso en el cuello. Se levantó de repente y había un par de mujeres en la cama. Una era todo lo opuesto de la otra, pero con el mismo rostro. La de su izquierda era rubia, ojos azules y la del otro lado, morena y de ojos café. Las dos con un buen par de nalgas y unas tetas bien puestas. Las sentía que las conocía de toda la vida, se sentía cómodo con ellas y no le importaba de donde habían salido, al fin todo comenzaba a mejorar. Ya Manuel no sentía a sus manos moverse. Levantó los brazos y solo pudo ver los muñones.
Sé del poder del pasado, escribo para líbrame de lo que amenaza con acuchillarme la vida. Milagrosamente para mí la vida es un jardín, me encanta declamar poesía y con palabras regalo rosas. Soy una inspirada más por el mar, la luna, los ladrillos de mi patío, un árbol de azar de la India y cualquier cosa que a mi paso entretenga la vista. Me encanta vestir a los labios de envero, naufragar en la vida de las personas, derretir almas.  Creo fielmente en la exquisitez de las palabras que se utilizan para hacer al amor algo memorable. Me apasiona todo, y en ese paquete está Dios.  Soy el rostro andante de Adelaida Fuentes De Armenta.
ESCRITO
Se hacía de noche, era la hora de  darle la espalda al mundo para contemplar la luna. No sé si por la ausencia de Sam  había aumentado la costumbre, pero seguía con  la idea de que su presencia habitaba en la noche, y que en mi caso hasta los búhos me declamaban por él amor sin temor.
Recuerdo que cuando estaba muy pequeña mi abuela Elisa repetía por las noches unos versos:
“Ha llegado la noche
El tiempo empieza a parecer eterno,
Las horas hacen la metáfora
De la infinidad de las estrellas,
Solo queda llamarte Eduardo
Recuerda que los cachetes de la luna  ya están sonrojados
Ya… espera… ya te veo Eduardo
El brillo de tus ojos,
Cuelga de una estrella.”
Siempre que mi abuela Elisa comenzaba a decir el séptimo verso, salía corriendo a la ventana de ladrillos a ver el cielo cargado de estrellas. Cuando había lluvia, la vieja a veces lloraba y se acordaba de aquel indescriptible hombre que le había robado además de plata, el corazón.
-¿Y no seguirás viendo a Sam? –Dijo angustiada-
-Solo observaba.-Dije extrañamente asombrada.-
-No le mientas a la vieja Elisa, no mientas. –Lo advirtió riéndose- Te querías comer a una estrella con tus ojos, tu cuerpo quería volar al espacio, de repente tus brazos se abrazaban espontáneamente porque el abrazo del viento era fuerte. ¿Qué pasará cuando llueva? –Lo dijo lamentada por mí -  No te acostumbres, porque el día que no veas la estrella, de veras que si serás la lluvia. – Lo dijo acariciándome el cabello-
-Elisa no te preocupes por mí, yo sabré lidiar. Entremos a la casa ya.- Dije augurándome tranquilidad.
Cuando entré en mi cuarto, miré hacia el techo, y  mientras pasaba la noche en  uno de los tantos agujeros se asomaba una estrella, me dije: “Yo sé que eres tú”. 
No soy el iPhone que uso, ni la ropa de marca que llevo, mucho menos el tamaño de la casa en que vivo. Soy 156 centímetros de pura piel miel morena que lleva el cabello rizado por la cintura, soy mi banda favorita, soy la música que escucho, soy el libro que siempre releo, soy el diario en el que escribo, soy el olor que desprende mi cabello o mi cuerpo sin necesidad del perfume (porque aunque sólo el que se enamora de ti lo nota, llevas un olor contigo), soy las cucharadas de azúcar que le echo a mi café. Soy esa nariz respingada, soy mi cara redonda, soy las curvas de mi cuerpo, soy mis labios, soy los besos que doy, los abrazos que no niego y los mensajes que por las noches dejo.
Y no sólo soy eso. Soy mis gustos (la noche, la luna, viajar en avión, las nubes, los días lluviosos, las noches nubladas, el frío, el café, los libros, el romance, las comedias románticas y las películas de terror), mis disgustos, (los cambios drásticos, las personas falsas, los días exageradamente calurosos y los desordenados rizos de mi cabello) y mis pasiones (Y me apasiona soñar, amar, dar, enamorarme de la vida, ver todo como si fuese la primera vez, conocer personas, viajar, conocer, recordar, vivir, sentirme viva, fabricar recuerdos y construir historias –otros le llaman escribir–). 
Soy lo que llevo dentro, más allá de toda la anatomía humana. Soy mi alma, soy mi esencia. 
Es más que un placer decir: mucho gusto, soy Natalie.

Historia


De repente me enamora la luna, la brisa y los luceros. Cuando menos me lo espero me veo contando las estrellas del cielo, preguntándome si por algún motivo recuerdas en las madrugadas tristes los pasos de mis dedos por tu cabello. Me miro al espejo y me sonrío, me coqueteo y me pregunto a quién le estaré escribiendo; a ese bonito ojito dorado o al perfecto brazo tonificado. Me río y me coloco el vestido blanco, ese en el que te gustaba meter las manos. Me trenzo el cabello y me pongo la sonrisa más bonita que tengo... entonces el sol está de fiesta, me besa la piel y toda achocolatada se me queda. 
Me pican las manos y me muero por morderte los labios, por abrazarte con la fuerza de mil soldados y no dejarte ir hacia otro lado. Después me acuerdo de que ya no es posible y por primera vez, ya no me pongo triste. 
Y alguien me llama, entonces le sonrío, qué guapo es... ¡y está vestido de amarillo! Pero no en la camisa, ni en el pantalón, es el alma... la tiene color sol. Me pregunta si lo quiero y yo le digo que no, que te espero con ansias sin ningún temor. Se ríe y me dice que si me puede acompañar, que aunque no sea para siempre, un ratico se quiere quedar. Que le encanta mi sonrisa, que mi cintura es de avispa, que mis labios son de seda y mis ojos un planeta. Me cosquillean las mejillas, el corazón se me acelera y eso sólo pasa porque imaginaba que tú fueras. Te quito de mi mente, creo que ya es suficiente, contigo siempre me pasa que me vuelvo demente... así que acepto su propuesta, que me comparta sus enigmas, que me cuente de su vida a ver si el vacío que me dejas se me quita.
Y aunque me trae pasteles, chocolates y café, a ti prometo esperarte en el mismo parque a las tres.