No soy el iPhone que uso, ni la ropa de marca que llevo, mucho menos el tamaño de la casa en que vivo. Soy 156 centímetros de pura piel miel morena que lleva el cabello rizado por la cintura, soy mi banda favorita, soy la música que escucho, soy el libro que siempre releo, soy el diario en el que escribo, soy el olor que desprende mi cabello o mi cuerpo sin necesidad del perfume (porque aunque sólo el que se enamora de ti lo nota, llevas un olor contigo), soy las cucharadas de azúcar que le echo a mi café. Soy esa nariz respingada, soy mi cara redonda, soy las curvas de mi cuerpo, soy mis labios, soy los besos que doy, los abrazos que no niego y los mensajes que por las noches dejo.
Y no sólo soy eso. Soy mis gustos (la noche, la luna, viajar en avión, las nubes, los días lluviosos, las noches nubladas, el frío, el café, los libros, el romance, las comedias románticas y las películas de terror), mis disgustos, (los cambios drásticos, las personas falsas, los días exageradamente calurosos y los desordenados rizos de mi cabello) y mis pasiones (Y me apasiona soñar, amar, dar, enamorarme de la vida, ver todo como si fuese la primera vez, conocer personas, viajar, conocer, recordar, vivir, sentirme viva, fabricar recuerdos y construir historias –otros le llaman escribir–). 
Soy lo que llevo dentro, más allá de toda la anatomía humana. Soy mi alma, soy mi esencia. 
Es más que un placer decir: mucho gusto, soy Natalie.

Historia


De repente me enamora la luna, la brisa y los luceros. Cuando menos me lo espero me veo contando las estrellas del cielo, preguntándome si por algún motivo recuerdas en las madrugadas tristes los pasos de mis dedos por tu cabello. Me miro al espejo y me sonrío, me coqueteo y me pregunto a quién le estaré escribiendo; a ese bonito ojito dorado o al perfecto brazo tonificado. Me río y me coloco el vestido blanco, ese en el que te gustaba meter las manos. Me trenzo el cabello y me pongo la sonrisa más bonita que tengo... entonces el sol está de fiesta, me besa la piel y toda achocolatada se me queda. 
Me pican las manos y me muero por morderte los labios, por abrazarte con la fuerza de mil soldados y no dejarte ir hacia otro lado. Después me acuerdo de que ya no es posible y por primera vez, ya no me pongo triste. 
Y alguien me llama, entonces le sonrío, qué guapo es... ¡y está vestido de amarillo! Pero no en la camisa, ni en el pantalón, es el alma... la tiene color sol. Me pregunta si lo quiero y yo le digo que no, que te espero con ansias sin ningún temor. Se ríe y me dice que si me puede acompañar, que aunque no sea para siempre, un ratico se quiere quedar. Que le encanta mi sonrisa, que mi cintura es de avispa, que mis labios son de seda y mis ojos un planeta. Me cosquillean las mejillas, el corazón se me acelera y eso sólo pasa porque imaginaba que tú fueras. Te quito de mi mente, creo que ya es suficiente, contigo siempre me pasa que me vuelvo demente... así que acepto su propuesta, que me comparta sus enigmas, que me cuente de su vida a ver si el vacío que me dejas se me quita.
Y aunque me trae pasteles, chocolates y café, a ti prometo esperarte en el mismo parque a las tres.