Sé del poder del pasado, escribo para líbrame de lo que
amenaza con acuchillarme la vida. Milagrosamente para mí la vida es un jardín,
me encanta declamar poesía y con palabras regalo rosas. Soy una inspirada más
por el mar, la luna, los ladrillos de mi patío, un árbol de azar de la India y cualquier
cosa que a mi paso entretenga la vista. Me encanta vestir a los labios de
envero, naufragar en la vida de las personas, derretir almas. Creo fielmente en la exquisitez de las
palabras que se utilizan para hacer al amor algo memorable. Me apasiona todo, y
en ese paquete está Dios. Soy el rostro
andante de Adelaida Fuentes De Armenta.
ESCRITO
Se hacía de noche, era la hora de darle la espalda al mundo para contemplar la
luna. No sé si por la ausencia de Sam había
aumentado la costumbre, pero seguía con la
idea de que su presencia habitaba en la noche, y que en mi caso hasta los búhos
me declamaban por él amor sin temor.
Recuerdo que cuando estaba muy pequeña mi abuela Elisa
repetía por las noches unos versos:
“Ha
llegado la noche
El tiempo
empieza a parecer eterno,
Las horas
hacen la metáfora
De la
infinidad de las estrellas,
Solo
queda llamarte Eduardo
Recuerda
que los cachetes de la luna ya están
sonrojados
Ya…
espera… ya te veo Eduardo
El brillo
de tus ojos,
Cuelga de
una estrella.”
Siempre que mi abuela Elisa comenzaba a decir el séptimo
verso, salía corriendo a la ventana de ladrillos a ver el cielo cargado de
estrellas. Cuando había lluvia, la vieja a veces lloraba y se acordaba de aquel
indescriptible hombre que le había robado además de plata, el corazón.
-¿Y no seguirás viendo a Sam? –Dijo angustiada-
-Solo observaba.-Dije extrañamente asombrada.-
-No le mientas a la vieja Elisa, no mientas. –Lo advirtió
riéndose- Te querías comer a una estrella con tus ojos, tu cuerpo quería volar
al espacio, de repente tus brazos se abrazaban espontáneamente porque el abrazo
del viento era fuerte. ¿Qué pasará cuando llueva? –Lo dijo lamentada por mí - No te acostumbres, porque el día que no veas
la estrella, de veras que si serás la lluvia. – Lo dijo acariciándome el
cabello-
-Elisa no te preocupes por mí, yo sabré lidiar. Entremos a la
casa ya.- Dije augurándome tranquilidad.
Cuando entré en mi cuarto, miré hacia el techo, y mientras pasaba la noche en uno de los tantos agujeros se asomaba una
estrella, me dije: “Yo sé que eres tú”.